sábado, febrero 03, 2007

Un año en Leiden

Hace dos meses dejé aquí mi último regurjito de palabras, en aquella ocasión acerca de no sé que viajes que tengo planeados para el 2007. Al menos ya cumplí con uno que en aquél post no mencioné: el viaje de regreso a la semilla, a la Bogotá querida y remota, colgada allá en ese cerro andino de donde cuatrocientos sesenta y nueve años de trajín no han logrado sacarla. La vi bonita, como siempre, con sus cosas agradables y sus cosas malas, sus cerros verdes y sus ladrones irredimibles. Y la sigo queriendo, sobre todo porque ella también me quiere a mí y me regaló 30 días inolvidables de un sol espléndido y de noches divertidas de ron, aguardiente, cerveza y Darlin. A mi familia y amigos en el Valle de los Alcázares, un agradecimiento infinito.

Un onomástico más; se cumple hoy un año desde mi llegada a esta ciudad de Leiden -Lugdunum Batavorum, habría dicho un romano imperial. Trescientos sesenta y cinco días se han sucedido a una velocidad increíble desde que en aquella madrugada del 3 de febrero de 2006 me bajé de un tren rápido que me trajo del aeropuerto de Ámsterdam y puse por primera vez el pie en esta villa donde ahora tengo una vida mía y sólo mía, quién lo creyera. Desde entonces he adquirido cuarenta y siete nuevos amigos, pasado cinco exámenes, vistado cuatro nuevos países, leído cinco libros, caído dos veces en las deliciosas telarañas del amor y cocinado doscientas ocho veces por mi cuenta, la mitad de las cuales han resultado en una catástrofe culinaria. También he aprendido un poco de holandés, un poco de relatividad general y mucho de comportamiento humano. He descubierto, por ejemplo, que puedo controlar mi propia ira como antes no lo hacía tan sólo pensando en cómo me veo desde afuera y que a la gente le gusta mucho que la abracen pero nunca lo piden. También he intuído, tras un cuidadoso análisis, que los holandeses son poco racistas en relación con otros europeos, pero que la razón por la cual no lo son, es porque en realidad los extranjeros les importamos un carajo, en el buen sentido de la expresión: nuestra existencia ni les quita ni les pone mientras no interfiera con su agenda de citas inaplazables y tiempos exactos. Pero son buenas personas, y cuando te aprecian te ayudan y te dicen las cosas así, tal como son.

Conocí las delicias mediterráneas del uzo y la grappa e inmolé sin piedad mi ferrea voluntad, dejándola en algunas ocasiones a merced de las veleidades de los space-cakes y los coffeshops. Vi a los ricos y a los pobres de Colombia tomando cerveza en la misma mesa de un bar holandés y conocí a quien por primera vez detectó un planeta en un sistema estelar que no es el nuestro. Vi a Uribe reelegido ante la impotencia de quienes creemos en la fuerza de la razón y no de las armas y la indiferencia de millones de personas que celebraban la reinauguración de su ídolo dicharachero y bravucón. Por poco me escapé de la bomba de ETA en el aeropuerto de Barajas y celebré en el centro de Berlín el campeonato mundial de Italia en la Copa Mundo de Alemania. Visité la tumba de Molière, la de Morrison y la de todos los reyes de Francia, desde Dagoberto I hasta Luis XVIII. Me subí a cuanto edificio alto encontré en mi camino, desde la torre Eiffel hasta el Euromast de Rotterdam y permití que desde mi cuarto en Smaragdlaan se lanzara una aspiradora hacia el vacío, en perjucio de los graciosos patos que apenas despertaban en el prado junto al canal de abjo. Me llené de imágenes con la pinturas de Rembradnt, Vermeer, Dalí y Picasso, reencontré viejos amigos y fui, debo confesarlo, ingrato con otros. Me indigné con las muertes violentas en Bagdad, en Jamundí y en muchos otros lugares y me he comenzado a inquietar, como el mundo entero, con el calentamiento global y la gripe aviar.

Pero ante todo, me dí cuenta de cuánto quiero a mi familia, a mis amigos y a mi país, de cuánto los extraño y de cuánto quiero hacer por ellos; y aquí dejo testimonio de ello.

5 comentarios:

Meli dijo...

Wow! Eso es lo que se llama un corazón abierto y una mente reflexiva. Me atrapó desde las primeras líneas... y me surgen muchas imágenes en la cabeza, también preguntas, por ejemplo ¿en verdad contabilizas las veces que has cocinado? ¿Cómo es posible que hayas lanzado una aspiradora por la ventana? ¿qué entiendes por "vida mía, sólo mía".
Finalmente, tu post me confirma una idea muy vieja, la dijo algún filósofo famoso, -la vida no vale la pena ser vivida, si no es examinada-. (o algo así...)
Bueno, saludos desde Bogotá, y gracias por visitar mi blog.;-)

Juanita dijo...

lo que escribiste me conmovió mucho y me dieron unas ganas terribles de darte un abrazo no solicitado .. me quede pensando en eso y yo pido muchos ... pero bueno el caso es que quiero darte un abrazo laaaargo en la soleada Bogotá (muuuuy soleada, llegamos a 23 grados... a mi tambien me esta preocupando el calentamiento global).

Lo dijo...

un a~no ya??? no jodas! eso me hace pensar en mi.. yo voy para los 5, si no es que ya los pase.

dio mio, los holandeses.

Diana Carolina dijo...

Hace rato no visitaba tu página como siempre me gusto mucho lo que escribiste sobre todo en el ultimo post, una manera muy bonita de resumir la cantidad de cosas que has hecho en un año...un largo año o mas bien un año muy bien aprovechado, bueno despues de regresar de la casita parece que este nuevo año ya te recibe con cosas buenas y todas las que faltan por venir, entre ellas mi tan anunciada visita jeje, nos vemos pronto tal vez antes de lo planeado. hmm oye no se como sacas tiempo para todo, q mal me siento al saber que leiste 5 libros y yo si acaso lei uno. bueno, un beso/

Rafael dijo...

Saludo cordial de tu tio Rafa.